martes, diciembre 27, 2005

Vincentius Hispanus

A pesar de tener pocos datos sobre su vida se sabe que nació a finales del s.III en Huesca pero que en cuanto pasó a ser miembro de la Iglesia fue a estudiar a Cesaraugusta (Zaragoza). En esa época gobernaba el Imperio Romano el emperador Diocleciano, quien se había propuesto acabar con las amenazas exteriores que podían resultar perjudiciales para la cultura romana así como el control ferro sobre todo su territorio y la mejor forma de conseguir ambas cosas era cultivar la adoración al Cesar de forma que los cristianos suponían una grave amenaza para él. Implantó en todo el imperio una persecución contra todas las religiones.

Vincentius (San Vicente) era un gran orador, capaz de hacer ver la luz a las gentes del campo y muy gentil con todos ellos, logró un gran número de conversiones y siendo Diácono en la iglesia de Valerio llamó la atención a los romanos, quienes capturaron la comunidad cristiana a la que él pertenecía y los llevaron a Valentia (Valencia) para ser juzgados, allí se encontraba una delegación romana y la comunidad cristiana era prácticamente inexistente. San Vicente fue la mano derecha de su obispo desde el primer momento, pero este fue desterrado y la furia de las leyes romanas cayeron solo sobre él. Se dice que fue capturado y derramó su sangre desde Zaragoza a Valencia.

El martirio que sufrió fue descrito por su propio Verdugo, Daciano, gobernador de esa provincia romana, quien al ver su valentía se convirtió (antes incluso de ver morir al santo) y predicó la palabra del señor el resto de su vida. Con él se cometieron las peores atrocidades, se le aplicó el juicio más duro y las referencias que nos han llegado hoy día lo describen como una lucha de argumentos entre sus acusadores y San Vicente. Primero fue colocado en una cruz en aspa y después en la catasta, donde le rompieron los huesos, le azotaron, le abrieron las carnes con uñas de garfios de acero. Pero, no pudiendo minar su resistencia, mandó entonces Daciano que fuese desollado y colocado en una parrilla en ascuas.

Fue arrojado más tarde a una mazmorra, falleciendo después y siendo tirado a un basurero, donde fue defendido por un gran cuervo negro que impidió a todos los animales acercarse al cuerpo. Los romanos, en su afan por destruir el cuerpo, lo arrojaron al mar en un pellejo con una piedra de molino, pero fue devuelto a la orilla por las olas, recibiendo sepultura a las afueras de Valencia, trasladándose más tarde a Lisboa a Lisboa por medios marítimos para proteger sus reliquias que hoy en día descansan en un templo consagrado a él en la ciudad portuguesa de Braga.


San Vicente ataviado de diácono con una rueda de molino en referencia a su sufrimiento


Su historia recorrió pronto toda la cristiandad infundiendo fuerzas al resto de los perseguidos y creando un halo que le llevó a la fama y a la santidad por su devoción y abnegación ante la muerte. Es patrón de Portugal, de Valencia y de los vinateros, sobre todo de los que producen Vinagre.

En el Algarbe, la zona sur de Portugal, tenemos un retazo de su viaje, el Cabo de san Vicente que le debe su nombre a este santo debido a su transito por esas aguas. Este punto siempre ha sido el preferido por ocultistas y hechiceros que veían en él peculiaridades mágicas. De hecho en la antigüedad era denominado por los romanos como Promontorium Sacrum al ser el extremo más occidental de Europa.

Siglos más tarde, San Agustín escribió sobre su coraje: “Hemos contemplado un gran espectáculo con los ojos de la fe: al mártir san Vicente, vencedor en todo. Venció en las palabras y venció en los tormentos, venció en la confesión y venció en la tribulación, venció abrasado por el fuego y venció al ser arrojado a las olas, venció, finalmente, al ser atormentado y venció al morir por la fe”.

Enlaces:
Año Santo Vicentino
XVII Centenario de su Martirio
Vicente de Zaragoza