jueves, marzo 31, 2005

Sfumata Blanca: Habemus Papa!!

No quiero ser agorero ni nada parecido, pero cada vez que oigo hablar de la salud del Sumo Pontífice me preguntó: ¿Y que pasará después? En ese momento me viene a la cabeza La “Fumata Blanca”. Nací en el 79 y desde pequeño tengo en la mente esas imágenes tantas veces repetidas de la elección de Juan Pablo II en octubre de 1980. Pero para llegar a esas imágenes hay un proceso complejo y lleno de intereses que controla la “Curia Romana”, ese círculo de “supra”-cardenales que gobiernan en la penumbra.

El proceso de elección Papal se regularizó por las dificultades de control estatuario de la Curia Romana, en 396 AC el pueblo eligió un Papa Ursino y los Obispos a San Dámaso. La disputa la dirimió el emperador Valentino comenzando así la funesta ingerencia de los Emperadores en la asignación de la cátedra Papal. Recordar que era el Papa quien coronaba a los Emperadores y sin sus “Bulas” (sinónimo de mentira!!) muchos reyes no habría sido nada, si el Papa le retiraba su apoyo su propio pueblo se levantaba en armas contra él (de ahí que las Iglesias Ortodoxas fueran fundadas a su conveniencia por “Reyes Rebeldes”, como Enrique VIII y que causaron el “cisma” con Oriente).

A la muerte del Papa se llevan a cabo sus exequias (15 días) tras las que se reúnen todos los Cardenales y Primados en Roma para elegir al próximo portador del “Anillo del Pescador”. De entre todos ellos solo un privilegiado grupo de 120, todos menores de 80 años, accederán a la sala capitular de elección Papal (antiguamente la Capilla Sixtina). Este cónclave es secreto y para protegerlo se cierran las puertas de la sala con ladrillos, cualquier comunicación necesaria se produce a través de unos tornos celosamente protegidos. Los Cardenales deben llevar el traje ceremonial púrpura y votarán dos veces al día. Para llevar a cabo el escrutinio de los votos se eligen tres cardenales que cambian en cada nueva votación.

Para que una votación sea decisiva debe contar con el apoyo de dos tercios del total más uno y nadie puede votarse a sí mismo (pecado de soberbia). El voto va firmado y doblado de forma que solo se vea el voto, no el firmante. Cuando termina, se contabilizan los votos, se anuncian los votos por candidato y si la votación no cumple el mínimo se permite una segunda votación inmediata (un “acceso” por si faltan pocos votos en la elección, en el que nadie puede volver a votar a su propio candidato ni a uno que no haya tenido voto alguno, aunque sí puede votar en blanco) pero si aún así no se cumplen los dos tercios más uno, se mezclan los votos con paja seca y se queman en la chimenea, generando humo negro que desde el exterior se interpreta como signo negativo.

Normalmente se tardan días en deliberar (con Benedicto XIV se tardaron 6 meses... claro que también puede ser que se compren votos, como con la elección de muchísimos Papas...) y cuando se designa uno, que puede estar presente o no, se le pregunta: Acceptasne electionem de te canonice factam in Summum Pontificem? Y el candidato debe dar su consentimiento y elegir nombre (nunca se elige el de Pedro). Entonces se quema solo paja, con lo que el humo (ligeramente más blanco y menos denso) comunica la decisión: Fumata Blanca!! Habemus Papa!!

Escudo Vaticano con sus dos llaves “Celestias” Cruciformes!

El elegido se retira a un vestuario próximo, donde es revestido con el traje de audiencia: sotana blanca, ceñida por un cinturón de seda, roquete de encaje, y muceta o esclavina de terciopelo rojo. Sobre la cabeza, el blanco solideo, y al cuello, una estola bordada de oro. Así vestido, ocupa el trono colocado junto al altar, del lado del Evangelio, y uno por uno los cardenales se aproximan a besarle la mano y reciben de él un abrazo y el beso de paz mientras en el Balcón frente a la Plaza de San Pedro se promulga: Annuntio vobis gaudium mágnum: habemus Pontificem... , el nombre y su título.

Aunque la tradición del humo se remonta a muchos siglos en el pasado, la utilidad atribuida al color es de tiempos recientes. Antiguamente el significado estaba en la magnitud de la humareda. La voluta grande indicaba que no había todavía decisión. Pero cuando las gentes de Roma veían alzarse la ligera y esperada brizna de humo, sabían que el mundo ya tenía un nuevo Vicario de Cristo. Con Juan XXIII (1958) hubo problemas para identificar el color y con Pablo VI (1963) usaron bombas de humo cedidas por el ejército Italiano.

Hoy en día la elección no supone un interés tan político como antes. Aún así hay grandes intereses y hasta el propio papa trata de influir en la elección de su sucesor, si las fuerzas se lo permiten nombrará antes del verano 50 nuevos Obispos y Cardenales de “nueva hornada”, más afines a la actitud renovadora de Juan Pablo. Se barajan muchos nombres, pero lo que está claro es que su sucesor deberá mostrar una gran personalidad para enfrentarse a los cambios actuales.

Enlaces:
El Papa y sus posibles sucesores
Qué sucede dentro del cónclave!!
Sobre la Película “Fumata Blanca”
Una Fumata poco recomendable...
Curiosidad sobre las monedas del Vaticano

PD: Personalmente no creo en la Iglesia, me parece la más antigua y más rentable empresa de toda la historia (2 milenios funcionando, con sedes en todo el mundo y siempre sacando beneficios, y me refiero a beneficios económicos...), pero debo reconocer que Juan Pablo II es un buen Papa, preocupado y motivado, no como el resto de su curia... Le deseo todo lo mejor.

Fe de Erratas: Debo disculparme por poner un error en el Post... Juan Pablo II fue elegido en octubre de 1978, no en 1980. Disculpen las molestias, mea culpa...

El 02 de Abril del año 2005 a las 21:27 el Papa Juan Pablo II nos abandona para volver a los brazos del Señor. Gracias por todo lo bueno que nos ha enseñado. Que su alma descanse en paz.