viernes, mayo 12, 2006

Novelando...

Hace bien poquito comenté por aquí una pequeña apuesta personal que me ha llevado a plantearme escribir de forma más o menos seria un intento de novelilla y presentarlo al Premio Cam de Novela Corta. En principio cogí el proyecto con pinzas. Por mucho que pueda parecer aquí, me cuesta bastante escribir, sobre todo sin un guión y planear unas 60 páginas es todo un reto. Reconozco que voy extremadamente lento y es muy posible que no llegue al plazo de entrega pero he superado la barrera inicial del folio en blanco tirando de muchas ideas y experiencias, en especial de Praga, el mejor escenario que se me ha ocurrido, lo que viví allí fue sencillamente grandioso. Como muestra os dejo aquí retazos del primer capítulo para el que he recibido mucha ayuda, sobre todo por gente que ha logrado inspirarme profundamente. Para que no os preocupéis ya os aseguro que mañana habrá un post en condiciones con el que os reiréis bastante. Bueno… ahí va!!

I. Ainos

Aquella famosa calle nacía en la orilla misma del río, al ascender por ella parecía materializarse a mi alrededor un tosco ensayo de la vida. El adormecido Moldava fluía hacia el norte justo hasta el más recargado de sus doce puentes, el Most Karluv donde giraba a la derecha como queriendo alejarse de nuestro destino arrastrando en sus aguas toda la tensión del último año. Sobre esa cicatriz azulada se replegaba toda la ciudad, bueno, no toda, solo la parte interesante, la del siglo XVI, la capital primorosa de los Habsburgo, esa que venden a los turistas como “la bohemia real” mientras que la verdadera, la que disimula su presente gris, se oculta detrás de las colinas, más allá del horizonte fotográfico. Aquella vía era la arteria más transitada de Malá Strana, unía el abarrotado casco histórico con el poco concurrido castillo a través de una empinada cuesta que obligaba a deliciosos descansos en los minúsculos bazares de souvenirs donde mi curiosa acompañante regateaba feroz chapurreando ininteligibles palabras con demasiadas consonantes. Por la cara del comerciante juraría que eran tan ininteligibles para los nativos como para mí.

Al salir de la tienda no pude aguantar un resoplido ante la perspectiva que nos aguardaba. Construida con la intención de doblegar a visitantes indeseados, cumplía sus órdenes de forma eficaz desde que a un bajito rey se le ocurrió disimular su pequeñez edificando hacia arriba, en vertical todo lo posible, apiñando la catedral contra su palacio con tal de conseguir espacio para un jardín donde perseguir a sus jóvenes sirvientas. Turistas blanquitos con la nariz embadurnada de protector solar se asfixiaban cuesta arriba y otros algo más gorditos bajaban acelerados por el efecto de su propia gravedad.

Carente de horizontalidad y bacheada por el traqueteo de los numerosos Škoda de fabricación nacional, estaba franqueada por el muro de contención del palacio real que se alzaba amenazador a nuestra derecha sobre el barrio de comerciantes cuya sucesión de variopintas mansiones le daban la mezcla justa entre utilidad y hermosura que atraía esas ingentes oleadas de domingueros internacionales. Resultaba agradable pararse a mirar atrás y contemplar la plaza mayor con las altivas agujas de la Iglesia de Týn. Al igual que mis planes de futuro, la panorámica del río, los puentes y los tejados rojos era apabullante, inabarcable sin ayuda…

Subía tan absorto que ni advertía las pícaras sonrisas que en cada esquina eran sacrificadas en mi honor hasta que Sonia, un poco harta de mis distracciones, se apalancó sobre un enorme Octavia manchado por la lluvia de ayer mientras rebuscaba dentro su increíblemente espacioso bolso. Tan hermosa, tan curiosa e intrigante…

– ¡¡Al fin!! –Dijo divertida cuando logró sacar a tirones una minúscula botellita de agua que a esas alturas del día ya estaba casi vacia.
– ¡¡Jajajá!! Me fascina todo lo que puedes llevar en ese bolso, ¡¡y cargas con él como si fuera una pluma!! En casa no vuelvo a subir las bolsas de la compra…
– ¿Eso es una amenaza?
– Recuerda que no estas en condiciones de negociar. Me debes una –con un gesto abarqué la ciudad que quedaba a mis espaldas–, reconoce que te lo estás pasando mucho mejor de lo que esperabas.

Me observaba como posando para un retrato en sepia, las breves ráfagas de aire movían su brillante melena rubia mientras analizaba mis pensamientos con esa mirada tan furtiva como coqueta, acechando detrás de unos párpados medio cerrados que no permitían adivinar el color de sus preciosos ojos. Me regaló su mejor sonrisa, un gesto con el que siempre lograba todo lo que quería de mí, una de las primeras que podía llamar mía, poseerla un efímero momento me puso el cutis de ave. De un tirón me acercó a un palmo de sus caderas y me hizo feliz que no reprimiese el impulso por abrazarme.

– No me quejo, solo me parece que nunca estás conmigo del todo. ¿Qué es lo que miras tan ensimismado todo el rato? Antes casi te atropella uno de esos monopatines que aquí llaman coches!!!
– Perdona preciosa -ella torció el gesto y reaccioné rápidamente-, mi Sonia. Estaba fantaseando un poco con la calle. ¡¡Te has fijado cuantos palacetes!! ¡¡Y todos decorados hasta el techo!! Además la “Ulica” se llama Nerudova porque aquí vivió un tal Neruda, aunque creo que no es el que nosotros conocemos. Me estoy enamorando de la ciudad…
– Ahh, muy bonito… ¿Qué tiene ella que no tenga yo?

Gesticulé una pose de sesudo pensador mientras ordenaba la enorme lista que iba surgiendo en mi cabeza, de ella me atraía sobre todo su inteligencia, siempre tuve debilidad por las mentes brillantes, pero Sonia había sido un reto, uno de los pocos que había ganado, o mejor dicho, uno de los pocos en los que me dejó ganar, y eso no tenía precio, además ella siempre tenía a mano su mejor arma. Me adelante justo cuando estaba a punto de regañarme por rumiar tanto la respuesta.

– Es hermosa y alegre, parte de un sueño cumplido y parte de un camino por andar, casi tanto como tú, aunque… no tiene tu sonrisa.

Se acercó con ojitos tiernos y rozó mi mejilla, aunque era una caricia me hacía pensar en un lorito al que le dan una galletita cuando por fin repite la palabrota más usada por su dueño.

– Faltaría más –dijo con aires de satisfacción-, no es competencia para mí…
– Bueno -el rugir de mis tripas me hizo volver a la realidad-, se nos hace tarde, vamos a comer mi niña…

Nada más decirlo ya estaba deseando que me tragara la tierra, la cara de Sonia cambió radicalmente, ahora estaba realmente enfadada conmigo, y no sin motivo. Ya caminaba cuesta arriba cuando se giró con el ánimo roto solo para dedicarme un:

– Me lo habías prometido…

Apenas me había pedido un par de cosas antes de dejarse ganar, me conocía bien y no quería ser comparada, quería ser distinta, especial, diferente del resto de mis niñas, empezando por el apodo y, como casi siempre, la había fastidiado…